Cuando la ventaja es la mayor “desventaja”

“¡El fútbol es así!”, “¡el fútbol tiene estás cosas!”, “¡esto es fútbol!” son algunos de los grandes tópicos que están arraigados a este maravilloso deporte y que se suelen utilizar para explicar diversas situaciones que a veces parecen inexplicables como, por ejemplo, las remontadas heroicas que hoy en día son cada vez más frecuentes, dando la sensación de que “se están poniendo de moda” y que hace algunos años se producían de manera aislada, como la protagonizada por el Liverpool entrenado por Rafa Benítez que fue capaz de remontar un tres a cero al Milán en la final de la Liga de Campeones de la UEFA 2004-05, proclamándose campeón tras la tanda de penaltis.

¿Son realmente inexplicables?, ¿son situaciones que se dan como por arte de magia?, ¿son momentos que solamente responden al fútbol como tal?, o por el contrario ¿pueden tener una explicación más allá de lo más estrictamente futbolístico?

Me atrevo a afirmar que tienen explicación más allá de lo propiamente técnico-táctico, es decir, podemos encontrar tal explicación si nos adentramos en el plano psicológico-emocional que se genera, por ejemplo, cuando el marcador es de dos o tres goles a favor, convirtiéndose esta ventaja en la mayor “desventaja” para el equipo que va arriba en el marcador y, por el contrario, el mejor estímulo para el que ha de remontar, sobre todo, si pasan los minutos y éste comprueba que es capaz de poner en dificultades al primero, lo que provoca un estado de confianza, seguridad, valentía, atrevimiento, superación, concentración, agresividad positiva, capacidad para ganar continuamente duelos individuales … que hace que “las piernas no pesen” y la cabeza “fluya” en la tarea, en la ejecución de lo que hay que hacer en cada momento, experimentando la sensación de “querer más porque el cansancio deja de existir y solo importa lograr superar el reto marcado”.

Si utilizamos como modelo el partido Liverpool – FC Barcelona y hacemos un simple, pero a la vez complejo, análisis del comportamiento de ambos equipos en momentos puntuales del partido, podemos observar conductas que ponen de manifiesto la capacidad de gestión emocional de un equipo y de otro. Sin ir más lejos, tras el primer gol del equipo inglés, los jugadores del Barcelona se quedan “casi paralizados, cabizbajos, mirando al suelo…”, aspecto que se remarca aún más en el segundo gol, donde quizás aparece el pensamiento de “tenemos ocasiones, no marcamos y ellos ya van dos cero”, lo que conlleva la vivencia emocional de “amenaza real a quedar eliminados”, elemento que se potencia todavía más con el tercer gol, donde se ve el comportamiento ganador del equipo de Anfield, sustentado en el atrevimiento, en la capacidad de superación, en la autoconfianza, en la tranquilidad para saber que “el rival generaría ocasiones pero ellos también” y, sobre todo, en el trabajo colectivo de un equipo que jugó por encima de las individualidades, como manifestó en todo momento el Liverpool de Jürgen Klopp, artífice del estado de ánimo positivo que mostró su equipo durante toda la eliminatoria.  

Rubén Rodríguez - Psicólogo deportivo en Sanaya

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